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jueves, 3 de octubre de 2013

A la luz de la Luna.

Me empiezo a preguntar como es posible quererla sin haberla abrazado, sin apenas haberla besado. Quizás no la quiero, pero sé que la querría. Y si nunca la quise ni la quiero, y si sus inexistentes abrazos y besos no avivan este fuego, ¿por qué demonios algo sigue ardiendo en mi interior?. ¿Por qué sigue quemando si realmente nunca ardió?. ¡¿Qué clase de pirómano escondo en mis entrañas?!.


A la luz de la Luna cierro los ojos y ella sigue estando y, al abrirlos...al abrirlos veo en el reflejo de su rostro que se hace exactamente mis mismas preguntas, y que corre idéntica suerte al encontrar respuestas... Sin embargo, me reconforta creer que si bien ella ocupa por momentos todos mis pensamientos, a veces yo también ocupo los suyos. Me siento bien cuando sueño despierto.



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