Llegaste hace unos 10 años a Poyales, para hacerle compañía a la abuela Aurea, y al final nos hiciste compañía a todos. Te recordaré por ser un copiloto tranquilo, un buen acompañante en el camino hacia el río, un gran espectador en el campo del fútbol, un perfecto confidente en aquellas veces en las que parecía que las personas siempre te acababan fallando. Pero sobre todo te recordaré por tu efusividad al verme, daba igual que hubiera pasado un día, dos semanas o tres meses que siempre te volvías loco con nuestro reencuentro. Me llenabas de cariño.
Caíste enfermo y luchaste todo lo que pudiste. Daba lástima verte últimamente: herido, sin energía, sin fuerzas para ladrar. En ese sentido reconforta saber que has dejado de sufrir... Pero vete tranquilo, porque llegaste a ser un perro muy conocido en el pueblo, nos dejaste momentos muy graciosos y estoy seguro de que no seré el único que siente cierta nostalgia con tu marcha.