El macho adulto nadaba desesperadamente en el mar. Necesitaba encontrar tierra firme, necesitaba encontrar alimento. Olió una colonia de morsas, su última esperanza.
Se acercó y empezó a atacar. Pero no era fácil conseguir un presa entre tantos colmillos largos. El mayor carnívoro terrestre del mundo solo atacaría a una presa tan poderosa si la muerte le estuviera observando. Tal era el caso.
Invirtió sus últimas reservas de fuerzas en librar honorable batalla. Pero perdió. Todo ocurrió muy rápido y, cuando se quiso dar cuenta, unos largos colmillos salidos de la multitud y el compañerismo defensivo le habían herido como cuchillas. Y la manada huyó al mar.
Allí estaba: solo, herido y hambriento. Ya no suponía una amenaza. Se tumbó lentamente, jadeó y cerró los ojos. El último oso polar de la Tierra se rindió, llevándose consigo una parte de todos nosotros.
Esto aún no ha pasado, pero podría pasar antes del 2030 si el deshielo sigue a este ritmo.
(Inspirado en el Documental Tierra, de la BBC)
