No estamos
todos los que somos, pero somos todos los que estamos.
Estamos tu
familia más cercana, los que más te hemos disfrutado.
Juntos
hemos aprendido a caminar, a amar, a disfrutar de la vida, a confiar en
nosotros mismos.
Cada uno de
nosotros somos lo que somos gracias a ti, al tiempo que nos has dedicado, a
todo lo que nos has enseñado.
Al fin
descansas tras duras semanas, aunque nos da rabia que no hayas tenido la oportunidad
de luchar, de poder intentarlo. Ha sido todo tan rápido. Aun así,
una de tus últimas frases fue alentadora, fuerte como tú: “No hay que rendirse”.
Te has
aferrado a la vida con uñas y dientes, y nosotros hemos estado contigo hasta el
final, y hasta el final espero que hayas podido sentir todo nuestro amor por
ti.
No son las
mejores circunstancias para despedir a un ser querido, pero en estos tiempos
somos conscientes de que hemos tenido cierta suerte.
No estamos
todos. Faltan amigos y familiares, faltan todos aquellos que nos están mandando
mensajes de ánimo y que nos están llamando, aquellos que te querían y que les
duele en el alma no poder estar aquí, no poderse despedir de ti.
Les
sentimos, sentimos su afecto y su cariño en la distancia, pero nada puede suplir
un abrazo, el calor humano que ahora es tan necesario.
Es duro
escribir estas palabras y más duro será leerlas. Pero te lo debo, te debemos
tanto…
Dejas tanto
vacío como espacio ocupabas en nuestras vidas.
Dejas tanto
dolor como amor nos diste.
Dejas
tantas lágrimas como risas hemos pasado juntos.
No te
preocupes, cuidaremos los unos de los otros como nos has enseñado.
Te
queremos.
Cuando todo
esto pase, volveremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario