Al final te marchaste como seguro querías: en tu casa del pueblo, tranquila, sin darte cuenta, lejos de los hospitales. Poyales, que todos los veranos te daba la vida, te dejó descansar.
Ya te dije lo que me dolió no estar en tu despedida, y me entristezco en el presente al recordarlo. Las lágrimas, sin embargo, cruzaron el Mediterráneo y se unieron a toda la gente que estuvo diciéndote adiós, arropándote hasta el final.
Queda tu sinceridad "miguelona", una familia que incluye bisnietos (que están para comérselos), tu amor por las plantas, los desayunos en la terraza y el comentarte a la puerta de las Eras qué tal ha ido el partido. Quedan muchas cosas, como tu valentía y fuerza al pasar por lo que ninguna madre debe pasar. Y cosas simpáticas como que en todas las cenas me sorprendiera que te gustase más el pescado que la carne, o compartir nuestro vicio por el queso.
Comentarte que me he comprado una casa en Colmenar, a la otra punta de Leganés. De paso decirte que ya se ha vendido el piso, pero que nunca te olvidaré asomada a la ventana de la calle San Nicasio despidiéndonos el domingo por la tarde en nuestro regreso a Talavera.
La piscina del pueblo se ha renovado, ya no tiene el canalón al que te agarrabas cuando te hacías unos largos, pero está preparada para que todos la sigamos disfrutando, y tú lo verás allá donde estés, como lo veías año tras año bajo el solombrajo.
Tenemos dos cobayas, a las que llamamos "las niñas", que me hubiera gustado presentarte para que dijeras algo así como "pues ahora mi nieto y que se ha comprado unos bichos, que son como conejos al parecer no sé...".
Te echamos de menos, un beso muy fuerte de parte de todos :)
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