Me considero una mujer hermosa, pero tu belleza es incomparable. Haces que se ruborice con solo mirarle, y cada sonrisa que le sacas es un dardo que se clava en lo más profundo de mi corazón. Con esa piel brillante y esos ojos color verde esmeralda pierde del todo el sentido, y yo la razón.
No puedo competir contra ti, Jolene. No tengo más argumentos que mi amor incondicional hacia él. Mis fuerzas se debilitan cuando cada mañana mi primer pensamiento es que tu existencia puede acabar con la mía. Y puedo entender que podrías llevarte a mi hombre fácilmente, pero tú no sabes lo que él significa para mí.
Antes dormía y descansaba la noche entera entre sus brazos, me sentía completa y protegida. Ya no Jolene, ya no. Ahora él habla de ti mientras duerme; no puedo evitar llorar cuando pronuncia tu nombre, Jolene. No es consciente de mi sufrimiento. A veces parece que hemos vuelto al punto donde empezó todo, donde yo no existía.
Tenía que tener esta charla contigo, mi felicidad depende de ti y de lo que decidas hacer. No sabes la impotencia que invade mi cuerpo cuando lo único que está en mis manos es suplicarte que te marches de nuestras vidas y te conviertas tan sólo en una terrible pesadilla lejana. Jolene, tú puedes escoger al hombre que quieras pero yo nunca podré volver a amar porque él es el único para mí. Con un mar de lágrimas dibujando mi cara y con una brisa de esperanza que mantiene en pie mi alma me despido de ti, Jolene. Espero poder estarte agradecida; espero no volver a verte; espero que él sea capaz de olvidarte.
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