Todo el puto día encerrado entre las cuatro paredes del apartamento. Las cortinas corridas para poder ver desde mi sitio la calle, una calle que muestra cada día menos movimiento, menos atascos. Casi como yo, que cada día me muevo menos pero me atasco más. Duermo más que nunca y, sin embargo, jamás he estado tan cansado. Contento de volver a vivir en mi ciudad tras más de cinco años, no consigo disfrutarlo por un sinfín de preocupaciones que inundan mi cabeza. Una serie de retos difíciles pero bonitos de afrontar y una sensación de que mi vida va a cambiar en los próximos meses y no sé en qué dirección.
Mirando al frente pero sin frenos, no estoy seguro de si al llegar al barranco conseguiré pasar por el puente o caerme al precipio. Incertidumbre en estado puro...

No hay comentarios:
Publicar un comentario