Sin contar contaré que, durante un tiempo, muchos fuimos uno.
Una colmena donde unos llegan y otros se van, pero que el corazón se mantiene vivo.
Que cuanto más grande es el cristal más fácil es que se parta, y se partió, y se partirá. Pero, afortunadamente, las cosas se pueden arreglar, y lo mejor aún, a veces se arreglan solas. Se olvida el pasado, se arregla el presente. Se arregla el presente sabiendo que quizás en el futuro el cristal se vuelva a romper por no recordar que en el pasado ya estuvo roto y que ya se arregló.
Pero a veces las piezas rotas del cristal se comportan como imanes que, si bien a veces se atraen, otras muchas se repelen.
Sin contar contaré que quizás añoré otros timpos, pero sé que algún día añoraré este mismo tiempo en el que escribo esto. Al menos ahora todas nuestras islas tienen barcos que las unen, aunque a veces ese barco no sea más que un trozo de madera flotando en medio del mar.
Sin más que decir: quien quiera entender, que entienda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario