Partimos de Bilbao. El albergue de peregrinos esta en un alto, lo que dificulta la visita a Bilbao, aunque está bien comunicado por bus. Esta cerca de un casas de gitanos que no dudan en faltarte al respeto si les parece bien, no darle mayor importancia, eso es la consecuencia de la falta de educación. El albergue no esta mal: unas cuarenta plazas, desayuno, dos duchas comunes para hombres y dos para mujeres. Aunque tuve la mala suerte de estar un día en el que hacía 36º y mucha humedad, quizás por eso nos picaron los bichos...o las chinches.
La primera etapa tiene una subida difícil, pero es lo único bonito porque a partir de ahí los 19 km se hacen muy largos. Culpa de ellos lo tiene Barakaldo que lo atraviesas haciendo eses. Portugalete es digno de ver, y el albergue esta bien aunque solo tiene una ducha para todos.
La segunda etapa es corta, solo 13 km aunque 10 de ellos son por un carril-bici (bidegorri). Pobeña tiene una buena playa, aunque tuvimos la mala suerte de encontrarnos con la bandera roja. Aquí se acaban los albergues en los que pagas la voluntad puesto que abandonamos Vizacaya para entrar en Cantabria.
La tercera etapa es más larga pero se nos hizo más corta, es lo que tiene ir cogiendo ritmo. 25 km en los que el camino de Santiago es lo que el peregrino busca: naturaleza y paisajes. Llegamos a Castro Urdiales, pueblo bonito que tiene un castillo, una iglesia y un puente que ver. También tiene una buena playa en la que relajarse. El albergue no es muy grande, y cuando se llena lo que se hace es dar plaza en tiendas de campaña en el césped. Eso tiene sus riesgos porque aunque tienen un colchón dentro no tienen el suelo de plástico...si llueve como llovió aquella noche el colchón acaba empapado. Este albergue cuesta 6 € y no tiene desayuno pero sí cocina.
La cuarta etapa la hicimos hasta Islares, solo 9 km porque no estábamos preparados para hacer 36 km y porque las opiniones del Portarrón de Guriezo dejan muchísimo que desear. Es una etapa muy bonita. Bueno recordar que en el camino del Norte hay muchos albergues pequeños y no hay etapas fijas, cada uno se diseña las etapas a su gusto y capacidad. En Islares tuvimos la anécdota del camino: una loca francesa que se había colado en el albergue y lo estaba destrozando, vinieron dos coches de guardia civil y una ambulancia. Fue cómico porque la francesa sabía francés e inglés, y ninguna de las 7 personas que se juntaron allí sabía más que español, así que mi pareja tuvo que hacer de traductora. Al final no se la llevaron ni hicieron nada porque tenía pasaporte europeo. Sin comentarios. Allí hay una playa a unos 15 minutos, y una cala cerca que fue donde nos bañamos. El bar del pueblo sella credenciales.
La quinta etapa me pasó factura. Por no cargar la rodilla derecha que tenía mal se me sobrecargó la rodilla izquierda hasta el punto de no poder casi doblarla. Con mucho trabajo y tras 26 km, llegamos a Laredo, que tiene una playa de 5 km. Hay dos albergues, ambos religiosos. Nos quedamos en el de las monjas Trinitarias, que es un convento que cuesta 10 € sin cocina ni desayuno. No hay cuerdas para tener la ropa. Eso sí, las habitaciones son de dos personas.
La sexta etapa se nos hizo, como preveíamos, sumamente larga. Unos 25 km que se hacen en 5 horas y que nosotros, por mi rodilla, tardamos 9. Cruzamos de Laredo a Santoña en una barca. Destacar la nula señalización en Laredo y Santoña, parece que no quieren que el camino pase por allí, pues que sepan que no hay nada que ver en ellos, son pueblos absolutamente prescindibles. Paramos en Güriezo, en el albergue del abuelo Peuto, y este sitio sí que es parada obligatoria. Gran albergue, buen ambiente, buen rollo, te dan explicaciones y te indican la ruta no oficial y más bonita del día siguiente. Llegamos a las 6 de la tarde, ojalá hubiera llegado antes. Te dan de comer, cenar y desayunar y confían en que des una voluntad razonable, no quieren limosnas, quieren que seamos responsables.
La séptima y última etapa fue casi toda pegada a la costa, es decir, cerca de los acantilados, viendo y sintiendo el mar. Son 15 km muy bonitos, sobre todo si acabas en Santander y sientes que tu objetivo está casi cumplido. La rodillas me dieron un respiro y pudimos llegar bien a Santander cogiendo el barco en Somo.
Decir que Santander tiene mucho que ver: buenas playas, el Palacio de la Almudena, el funicular, cine de verano a las 22:00, mercadillo medieval (últimos días de agosto), festival intercultural (julio y agosto), plaza Ponticada...etc. Y la gente es muy simpática (como en el resto del camino a excepción de Santoña). Recomendar el hostal en que nos quedamos B&B&B, que esta nuevo y son 21 € la noche al lado del albergue de peregrinos.
Para volver a Madrid lo hicimos de la misma manera que fuimos a Bilbao: en la RENFE, que para trayectos largos va medianamente bien y es más barato (sabiendo comprar el billete) y más cómodo que el autobús.
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