No olvides de dónde vienes pequeño.
Recuerda tus pasos con la edad, ese camino de laderas, pendientes y barrancos.
Guarda un sitio para los que te ayudaron y para los que te traicionaron,
para los que te amaron y también para los que te odiaron.
De todo se aprende, dicen. Y dicen que lo bien aprendido nunca será olvidado.
Esos momentos grabados a fuego en nuestra identidad,
que quizás estén borrosos o quizás ni siquiera recuerdes,
pero que están ahí: en fotos, en vídeos o en historias contadas.
Historias de años añorados y disfrutados, bien vividos.
Y de lo bien vivido no queda más que estar feliz,
feliz y agradecido.
...Y entonces empecé a andar...

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