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lunes, 22 de abril de 2013
Minicuento.
El nieto, en plena adolescencia, se quedó mirando a su abuela. Las arrugas reflejaban el paso de toda una vida, y su mirada desprendía bondad y nostalgia.
Ella cumplía años y el chico percibió en sus ojos una extraña mezcla de felicidad y tristeza que, por mucho que creamos sentirlo cuando nuestra edad cambia de década, no experimentaremos hasta que notemos el aliento de la muerte.
Entonces le preguntó a la anciana: ¿qué te pasa abuela?. A lo que ella respondió con otra pregunta: ¿cuántos años tienes ya?. Quince, contestó el chico. Suspirando pronunció aquello de ''quién los pillará...''. Yo te los cambiaría abuela, dijo el joven para intentar animarla. Pero ella le confesó que no los aceptaría: ''si pudiera volver a tener tu edad no lo haría, solo pensar en volver hacer todo el camino me cansa. Me entristece estar llegando al final del viaje, pero no tengo fuerzas para empezar de nuevo. Solo quiero descansar''.
A los dos años doblaban las campanas por la buena mujer. El joven entonces recordó aquella conversación perdida en el tiempo, y con lágrimas en los ojos esbozó una sonrisa. Quizás en ese momento sintió esa mezcla de sentimientos que vio en la mirada de su abuela aquel día, en aquel cumpleaños.
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