''¿Y ahora qué?'', me preguntan. ''¿Y ahora qué?'', me pregunto.
La respuesta cuando empecé la carrera era bien sencilla: a trabajar y a vivir bien. El 96% de los ingenieros que acaban mi carrera en mi universidad encontraban trabajo en su primer año. Efectivamente, ya os podéis descojonar del actual porcentaje. Ni lo ponen.
Por primera vez en mi vida no tengo un plan. Los objetivos están dispersos.
El futuro suele acojonar, y más cuando es tan incierto como en los días que corren.
''Vete de España'', me dicen. ''Vete de España'', me digo. Pero el dinero no cae del cielo ni las oportunidades son ilimitadas. Al menos aquí tendré siempre un plato encima de la mesa.
No tengo miedo a salir, y si puedo saldré. Saldré como salen todos los que se deberían quedar, pues no olviden señores que lo que se está yendo es el cerebro de España, una riada de ingenieros, médicos y demás gente formada durante años con el dinero de los españoles y de los que ahora se aprovecharán otros países.
Reflexiones que no llevan a ningún lado y a una sola pregunta: ¿y ahora qué?.

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